El pasado 14 de junio se presentó el libro Talentocracia, co-escrito por Eduardo Toledo y Salvador Molina. A continuación os dejo las ideas que Eduardo Toledo comentó en la presentación sobre la nueva gestión del talento y el liderazgo:

 

“En los últimos 10 años, la revolución digital ha cambiado las estructuras sociales que habían dominado el mundo durante el siglo anterior. La principal consecuencia sobre el estilo de liderazgo es que el mundo ha dejado de ser complicado para convertirse en complejo. Ante algo complicado, puedes recurrir a un experto para que lo solucione. Y eso eran los líderes durante la era industrial: expertos en una materia. Sin embargo, en el complejo mundo actual, en el que la digitalización lo cambia todo y todo está por hacer, ya no valen las respuestas de antaño. Los líderes a la vieja usanza ya no tienen todas las respuestas. Para responder a la complejidad es necesario contar con la sabiduría colectiva de todo un equipo para lanzar una hipótesis sobre lo que está pasando y probarlo rápido para asegurarnos de que estábamos en la cierto. De manera, que la digitalización nos hace a todos líderes.

El segundo cambio tiene que ver con la rapidez a la que se producen los cambios, que ahora es exponencial. El mejor ejemplo de cómo hacer que algo se convierta en exponencial lo tenemos en la construcción del tren bala japonés, con motivo de los primeros Juegos Olímpicos de Tokio, en 1964. El gobierno nipón quería hacer una demostración al mundo de su renacido poderío económico y quiso que el nuevo ferrocarril, que unía las dos principales ciudades del país, fuera un emblema de esa modernidad. Los ingenieros presentaron un proyecto de tren que alcanzaba los 100 kilómetros a la hora, que estaba muy bien para la época. Sin embargo, querían más y les exigieron doblar la apuesta, un tren a 200 kilómetros a la hora. Tuvieron que cambiar el ancho de vías, el nivel y el virado del recorrido, la aerodinámica de las locomotoras. En una palabra, para avanzar a una velocidad exponencial hay que cambiarlo todo.

Muchos autores dicen que lo más importante de la transformación digital son las personas, nosotros también; pero esa afirmación, nos enfrenta con la gran encrucijada del ser humano en la actualidad, que resumió en una frase el socio-biólogo Eduard O. Wilson: “Tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología divina”. Cada vez que avanzamos en la tecnología no hacemos otra cosa que agrandar esa brecha que las separa.

A Salva Molina le gusta decir que el siglo XXI es el siglo de las emociones. Las emociones son como las luces que se encienden en el salpicadero de un coche. Nos traen información. Cuando se enciende una luz con la forma de gasolinera sabemos que tenemos que repostar en breve. El problema es que tenemos el coche más fantástico de la Naturaleza, el cuerpo humano, y no sabemos como funciona. Gracias a la Inteligencia Emocional, ahora sabemos que cuando aparece el miedo, nos indica que no tenemos los recursos necesarios o que cuando uno está triste es porque ha tenido una pérdida. Gracias a la Inteligencia Emocional, que ahora se empieza a enseñar en los colegios, estamos conociendo el funcionamiento de nuestro cuerpo. Lo más paradójico es que la diferencia entre un gran líder y otro mediocre no está sus conocimientos, sino sus habilidades sociales. La inteligencia emocional es el elemento más importante sobre el que se consigue el éxito en nuestros días.

Cuando hablo de instituciones medievales me refiero a religiones organizadas, naciones que compiten entre ellas y, más cercano a nosotros, organizaciones y comunidades egoístas, ciegas al bien común de la especie y del planeta. En el libro hay una propuesta final, la Sociocracia, que acoge las emociones, para que podamos mostrarnos tal y como somos, la cibernética, para cambiar rápido, y la manera de actuar de la Naturaleza, para mejorar nuestra comunicación.

La forma de superar ese divorcio (en realidad en un trío) entre emociones e instituciones con la tecnología es a través de una nueva forma de razonar. Este libro, en su parte final, propone 9 valores que van esa dirección: tener un propósito, centrada en personas, liderazgo interior, transparencia, ganar-ganar-ganar, agilidad, colaborativo, auto-organización y personas creativas.

Espero, y deseo, que su lectura sea tan grata como lo fue para nosotros escribir este libro. Muchas gracias”.

 

Recuerda que puedes comprar Talentocracia, en la web de la Editorial Kolima.